lunes, 13 de junio de 2016

Historia de una coraza.

Coraza (R. A. E.): protección, defensa.

No somos perfectos. Y digo más: por norma general, somos imbéciles. Esa imbecilidad nuestra es la que hace que nos demos golpes día tras día. No aprendemos nunca, y cada vez subimos más alto. Aguantamos las caídas porque el orgullo siempre supera la realidad, pero las heridas nos las comemos con patatas.

De vez en cuando, el golpe contra el suelo es tan grande que ni el orgullo hace que nos deje de escocer durante bastante tiempo. ¿Malo? Quizá. ¿Bueno? También puede serlo. En este punto entra en juego la experiencia, el aprender que las caídas duelen menos si vas bien protegido. Es entonces cuando nos fabricamos una coraza. El siguiente golpe no dolerá tanto, porque no dejaremos que aquello que nos hizo daño vuelva a hacernos caer.



Es nuestra primera coraza, y solo nos protege de golpes más pequeños. Aún no sabemos usarla y puede que nos falle de vez en cuando. Podemos volver a caer, pero ningún golpe dolerá tanto como el primero. Llegaremos a ese punto de la subida de nuevo, más fácilmente que antes, ya que nos sabemos el camino y dónde está aquello que nos hizo caer las últimas veces. Pero la siguiente caída es desde más arriba, y nuestra coraza todavía no está hecha para golpes de ese calibre. Las grietas son, sin duda, más anchas de lo que esperábamos. Y nos cuesta más tiempo arreglar nuestra querida coraza. Esta vez, más gorda, no vamos a dejar que la mierda transpire y que las cosas pequeñas vayan sumando para hacernos caer. El próximo golpe, lo creemos tener casi superado.

Vamos subiendo, despacio, fijándonos en todo y sin dejar que las piedras pequeñas puedan hacernos sufrir por el camino. Ni de coña, yo ya lo he aprendido. Si vienes a mí con tonterías, mi cara puede expresar otra cosa, pero mi coraza no dejará que me afecte en absoluto. Como dice el bueno de Rafa, tengo arte para destrozarme sin dejar de sonreír. Podemos caer de nuevo en las últimas grandes piedras, pero la coraza se reparará más rápidamente. Está hecha a medida y no van a jodernos aquellos que quieran hacernos tropezar.

Cuanto más tiempo pase hasta la siguiente caída, más rápido subiremos, es algo potencial. Cuanto más arriba lleguemos, mejor nos sentiremos, creemos tener la coraza perfecta.

La siguiente caída, no nos la esperaremos. Vendrá de la nada, porque en la vida todos estamos improvisando y como todo buen actor, hay veces que nos trabamos. Pero ese fallo nos hace caer, y caemos desde muy alto cuando pensábamos que éramos casi invencibles. Y el golpe nos deja secos. La próxima coraza tardamos un tiempo en diseñarla, debe tener mejoras y no son sencillas. Cuando la terminamos, es tan gorda que la subida se hace eterna. No nos fijamos en nada, nada va a afectarnos nunca más, imposible. Nos cuesta subir con tanto peso, dejando de lado las posibles ayudas por si acaso nos meten aire en la coraza y nos la rompen. Nuestra experiencia nos dice que nosotros solos somos los que vamos a llegar hasta el final.



Como he dicho al principio, somos imbéciles.

Y aparecen personas en nuestra vida a las que no podemos eludir. Personas que quieren darnos la mano para avanzar a nuestro lado, quizá por la protección de nuestra coraza, quizá para sumar velocidades y llegar a la cima mucho más rápido.

Pero las personas que van apareciendo en nuestra vida no siempre usan nuestras manos para avanzar con nosotros, ojalá.

De vez en cuando nos encontramos con una de esas que nos convence de que quiere nuestra mano para sumar ambas subidas, y resulta que nos agarra para coger impulso mientras nos hacer caer. Y esa caída es la más dolorosa. Esa caída nos va a dejar secos. Imposible, con mi coraza no podía pasar esto. Pero pasa.

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Y más despacio empezamos a construir la siguiente.

No tenderemos ni una mano más, no dejaremos que nadie nos toque, nadie sabrá lo que pienso ni lo que siento, nadie me verá mi verdadera cara ni sabrá lo que me ha costado conseguir mi coraza. No compartiré mis secretos con nadie más, no me hará feliz nadie más excepto yo mismo, no compartiré caminos ni atajos, no me hará caer ni tan siquiera resbalar absolutamente nada.

Y todavía más despacio, empezamos a subir. Esta coraza pesa una barbaridad. Ni siquiera es bonita, nadie la mirará con buenos ojos.


Y subimos, lento pero seguros. Podemos estancarnos pero no retroceder. La subida es lenta pero la conocemos, ya tocará improvisar cuando lleguemos al récord personal. Podremos cagarla entonces, ahora no es el momento, y la coraza hará su trabajo cuando llegue el momento, estamos convencidos. Esta, sin duda, debe ser la coraza definitiva.

Y de nuevo llegamos al último punto. De nuevo habrá alguien que nos tienda la mano y no dejaremos ni que nos rocen. Nadie llegará al interior de esta coraza de esa manera.

Pero hay personas que pone Dios en nuestro camino. Personas que tienen esa capacidad especial. Abren nuestra coraza y nos dejan tiesos. Miedo es la palabra que define esta nueva improvisación. No queremos que nos hagan daño, y mucho menos que nos hagan caer. Pero nuestra coraza es la que manda, y esta persona la abre como si tuviera cremalleras. Estaba hecha a medida, y nos la dan de sí. No podemos asustarnos más, esto no puede ser bueno, ahora entrará mucha más mierda y pensamos que volvemos a nuestros inicios, a la imbecilidad que nos ha caracterizado durante mucho tiempo.


Pero son personas especiales. Tras abrir nuestra coraza, nos enseñan la suya, y mola un montón. Hay que darlas de sí, pero pueden coincidir si ponemos de nuestra parte. Y, con su coraza y la nuestra siendo solo una, cerramos cremalleras. Nadie puede con esta coraza. Sin duda es la definitiva, y cada día se refuerza más sin necesidad de golpes ni caídas. Solo debemos aprender a darle forma, y es un trabajo del que ya hablaremos.

Y nuestra coraza llegará a su fin.

Sin duda, la conclusión que sacamos tras golpes, caídas, tiempos de espera, experiencias vividas, sonrisas perdidas, sucesos que merecen la pena y muchos otros que merecen la alegría, es:


-La mejor coraza es la que tiene nombre y apellidos.

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